pintura
Un hallazgo
Yo nunca fui muy fanática de las tiras de historieta. Pero este descubrimiento casi casual me hace ver las cosas desde una perspectiva diferente. Tal vez tenga que ver con el hecho de haber podido conocer al dibujante (y pintor) en persona.
Aunque yo suelo decir que la obra va más allá del autor, que en el momento de apreciar un dibujo o una pintura, realmente no tomo en cuenta el discurso que esté por detrás, (lo que diga el artista de su propia obra).
Tal vez sea eso o tal vez simplemente es haber encontrado una sensibilidad que en un punto me es afín, como muchas otras que aparecieron en el camino.
Y creo que esto mismo me sucede con otras expresiones dentro del mundo del arte, ya sea en la música, la literatura, el cine, la fotografia, etc.
En mi caso no es algo que pueda intelectualizar en absoluto. No pasa por la técnica (mucho menos por el discurso), ya que muchas cosas exceden mis conocimientos. Es algo puramente perceptivo.
Por eso es tan difícil para mí contestar preguntas como “¿Qué estilo de pintores te gustan?” o “¿Qué tipo de música escuchás?”. Sólo me limito a dar ejemplos…
Último cuadro
Este es el último cuadro que pinté. Fue un encargo y a pesar de eso me gusta, me gustó hacerlo. Pero no hay mucho más que pueda decir sobre él. Yo no puedo hablar a cerca de lo que hago, explicarlo. Pero tampoco creo que sea necesario. La verdad nunca me cayeron del todo bien los artistas que tienen que darle un sentido a lo que hacen, explicar lo que significa (o lo que es peor aún, pagarle a alguien para que lo haga)…
A veces voy a alguna exposición o muestra y por ahí lo que veo no me gusta nada, me resulta insulso, y cuando leo el catálogo encuentro una crítica compleja y pretenciosa, (obviamente escrita por un crítico respetado) que intenta “justificar” lo que uno está viendo.
Yo realmente creo que la percepción es lo más válido, lo más genuino que uno tiene al momento de opinar sobre un artista, una obra o lo que sea. A veces trato de conectarme con lo que realmente siento sobre algo, con la sensación más primaria y real. A mí hay artistas que me gustan y la verdad que no sé por qué, y otros que no, que no me conmueven nada. Por esto mismo no creo que se pueda ser totalmente objetivo al momento de opinar, o que exista un criterio absoluto y certero. Es algo que descubrí con el tiempo. Ni siquiera yo soy siempre la misma, no percibo siempre con los mismos ojos.
El comienzo
En estos días estoy empezando una nueva serie de cuadros. Hace uno o dos meses que no pinto, lo cual es bastante tiempo. Me acuerdo que antes, en mis primeros años de estudio, cada vez que hacía un receso, me costaba mucho retomar. Perdía completamente la mano, llegaba a frustrarme mucho. Necesitaba como dos o tres intentos de cuadros hasta retomar el ritmo habitual, la fluidez habitual. Pero los impases son importantes para mí. Me hacen tomar distancia, ver con ojos nuevos. Y ahora, cuando nuevamente me sumerjo en la pintura, por suerte la conexión es casi inmediata.
Siempre me pareció importante no perder la espontaneidad, la autenticidad, por decirlo de alguna manera. Lo que quiero decir, es que la conexión sea real, genuina.
Tuve una profesora de pintura que anotaba la cantidad de horas que pintaba por día. Las sumaba al final de la semana y establecía una marca, para ir superando a la semana siguiente.
Yo no podría. El solo hecho de tener la más mínima presión, condiciona lo que hago, las ganas con que lo hago y en consecuencia, el resultado, (que en el fondo tampoco creo que sea lo más importante, para mí más importante que el resultado es el proceso). Creo que si hay algo que hace que siga pintando es saber que podría no hacerlo. Tener esa libertad.
Conocí varios artistas que me hablaban de la autodisciplina como algo primordial en su carrera y su obra. Yo le huyo, trato de alejarme lo más que puedo. Si necesitara obligarme a pintar con constancia, con seguridad dejaría de disfrutarlo, dejaría de hacerlo.
