arte
“Como el fluir del silencio”
Así (como este post) se titula la nota que me hicieron para la revista BA MAG.
Me resultó muy curioso y por momentos extraño leerme. Pero la experiencia me gustó e incluso siento que el resultado, la escencia de la nota en sí, es bastante fiel a lo que intentaba expresar, y eso es todo un logro.
¡Quedé seleccionada! :D
Hoy me llamaron por teléfono para notificarme que fui seleccionada junto con otros artistas en el salón “Castilla y León”. La exposición se hace en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525 2º piso, sala 27) y la inauguración es el día 1º de Julio a las 19 hs.
Me volví a enamorar
Hace unos días me preguntaba qué era lo que me motivaba a seguir pintando, a seguir desafiando mi capacidad y mi vista con objetivos que me resultaban siempre difíciles de lograr.
Hoy no me lo pregunto. Esta noche volví a sentir algo que hacía mucho que no sentía. Hasta creo que casi casi lo había olvidado. Volví a enamorarme de la pintura. No del resultado final, por supuesto, sino de el hecho en sí de pintar.
Esa sensación que va más allá de simplemente tener la disciplina y la dedicación para estar horas y horas frente a un bastidor con la mano llena de pinceles y manchas de óleo.
Y me dí cuenta de lo mucho que la extrañaba. Hasta recordé la primera vez que la sentí.
En ese momento supe, tuve la certeza de que realmente no me importa a dónde llegaría. Ni ser conocida, ni vender mi obra ni recibir ningún tipo de reconocimiento.
En esos momentos no me importa nada de lo que sucede a mi alrededor. Ni siquiera me preocupa el estar una hora para pintar un dedo. Ni si me olvidé de cenar o el hecho de irme a la cama sabiendo que sólo voy a dormir 2 horas antes de que la alarma me despierte y tenga que levantarme cansadísima pero en el fondo felíz como una tonta enamorada. Creo yo que esa es la definición más cercana para lo que se suele llamar “inspiración”.
No sé cuándo llega ni por qué, pero justifica todo lo demás.
¿Por qué siempre me complico la vida?
Esta cara mide 2.5 centímetros. La acabo de medir con una regla. Me dá la impresión de que siempre estoy buscando algo, y que además ese algo tiene que estar al límite de lo que me resulte casi imposible de hacer.
Parecería que para que un cuadro me motive, siempre en algún momento tengo que sentir ganas de mandarlo a la mierda. Los pinceles triple cero ya me resultan inmensos.
Recuerdo que de chica, cuando todavía no me imaginaba a mí misma dedicándome a la pintura “en serio”, veía esos documentales de gente que se dedicaba a repruducir cuadros famosos sobre la cabeza de clavos e incluso de alfileres y me parecía sencillamente una locura de lo más innecesaria. ¡Si hasta para apreciar esas diminutas obras de arte había que hacerlo a través de una lupa!
Ahora mismo no es que termine de entenderlo del todo, pero empiezo a comprender por dónde viene el tema. Tal vez sea eso mismo, el tener algo dentro mío que me empuja a salir de la “zona cómoda”, de lo seguro y lo fácil… lo que ya conozco de memoria. Tal vez sea el miedo al aburrimiento, que es para mí es una de las peores sensaciones que puedo tener.
O quizás simplemente sea que son las cuatro de la madrugada, mis ojos necesitan un descanso, y no puedo evitar preguntarme por qué sigo despierta.
El lienzo vacío
A veces siento que luego de un impasse de varias semana o incluso meses sin pintar me costará más conectarme o inspirarme.
Me da vértigo pensar cuánto tiempo me llevará volver a producir y en esos momentos siento que quizás debería ser un poco más disciplinada y constante con mi producción.
En mis comienzos, cuando recién empezaba a tomarme la pintura como algo “serio” creía que nunca debía detenerme o alejarme demasiado.
Pero con el tiempo me dí cuenta de que es sólo una cuestión de equilibrio, y que ese mismo equilibrio es necesario.
Esa idea es un alivio, una carga más de peso de la que me desprendo.
Son tan fundamentales los momentos de creación “activos” como los “pasivos”.
Y para que pueda estar días y días seguidos sumergida en una o varias obras, necesito la contraparte de pasividad que viene luego (o que la precede).
Porque la percepción nunca descansa, el ojo nunca deja de mirar, de absorber, de estimularse y enriquecerse. Y de ahí creo yo que surge la inspiración.
No es precisamente el lienzo lo que estando vacío intimida, sino otro tipo de vacuidad.
El arte de la simpleza
El lunes pasado fui a ver la exposición de Liniers que está en el Centro Cultural Recoleta hasta el 4 de abril, por recomendación de Mila, otro historietista.
Tres pabellones repletos de tiras cómicas, dibujos, tapas de libros y pinturas de grandes dimensiones, entre otras curiosidades.
La sensación fue de inabarcabilidad. Me fue imposible llegar a apreciar todo con
el detalle y la minusiosidad que la muestra requería por ser tan extensa.
Pero en un punto sentí que eso no era justamente lo necesario, sino en cambio apreciar toda la obra como un conjunto, intentar absorber la esencia de la amplia gama de sutilezas y sensaciones que encontré en la obra de este artista.
E inspirarse (…y también reirse).
José Marchi
Algunas pocas veces me he maravillado tanto con un artista como con su obra. Tuve la inmensa suerte de asistir a su taller durante algunos años y creo que fue una parte más que fundamental en mi camino dentro del mundo del arte e incluso en otros aspectos de mi vida también.
Y afortunadamente no es sólo ahora, mirando hacia atrás, que puedo apreciar el sentido y el valor de todo eso.











