La ética del hacker
¿Podría alguien realmente llegar a morir de aburrimiento? Desde luego que muchos eligirían morir a aburrirse eternamente.
La vida no sólo se basa en supervivencia. Quizás en un principio sí, pero a medida que el ser humano fue evolucionando en el tiempo, aparecen nuevas motivaciones. Una de ellas es la vinculación social, la relación con los otros, el pertenecer a un nosotros. Otra motivación es el entrenimiento. Pero no entretenimiento como sinónimo de “pasar el rato”, o “distraerse”, sino como esa energía que sentimos al hacer algo que realmente nos apasiona.
Para los hackers, no es la supervivencia lo que más importa. Lo que los motiva a hacer algo, a programar por ejemplo, no es el dinero o la supervivencia sino que para ellos es un entretenimiento desafiante e interesante, y que además lo pueden compartir con sus iguales e interactuar con ellos en el proceso.
Un grupo de hackers que trabajan juntos lo hacen porque lo disfrutan. Les apasiona el desafío de de seguir aprendiendo y resolviendo los problemas que les plantea el proyecto que están abordando.
No tienen jornadas de horas definidas que cumplir, el tiempo es flexible para ellos. Tampoco creen en las jerarquías dentro de su comunidad. Su propia motivación es la que los lleva a seguir trabajando, dentro del fluír de sus ritmos personales.
El término hacker no sólo se relaciona con la tecnología, sino con una forma de encarar la vida y el trabajo. Esta forma se contrapone a la idea tan arraigada del trabajo, que debe asumirse con el objetivo de lograr seguridad económica (supervivencia) y tal vez y en segundo lugar, prestigio.
Dentro de los Principios de la ética Protestante, el trabajo se consideraba como un deber que hay que realizar de la mejor manera posible, simplemente porque se debe, haciendo hincapié en el sentido de la responsabilidad y obligación.
Se trabajan 6 días a la semana, y el Domingo, el descanso (y el Cielo como fin último), no implica trabajo. (El infierno es representado como el tormento del sacrificio eterno, del trabajo sin descanso).
El trabajo está totalmente separado del disfrute.
El Capitalismo toma elementos de la ética protestante, como la idea de trabajo y luego premio por el trabajo realizado. En una vida optimizada según los métodos empresariales el tiempo es una estructura de bloques definidos para cada actividad (trabajo, ocio, interacción con los demás, placer). Esta mentalidad trata a los individuos como seres inmaduros que no pueden hacerse cargo de su propia vida ni organizar ellos mismos su tiempo y deben obedecer a estructuras mejores de organización para, al llegar el final del día estando ya exhaustos, entregarse a la televisión que les dirá qué ver, qué consumir.
En la ética hacker del trabajo, prima como objetivo el desafío en sí por resolver acertijos y compartirlos. Para ellos, el reconocimiento de sus iguales que comparten su pasión y sus principios es más importante que el dinero. Es una recompensa mucho mayor.
El dinero puede servir como medio para conseguir algo que les interese o preocupe, pero no es en sí mismo un fin.
En la vinculación social el hacker necesita sentir pertenencia con los demás, con sus pares, y lo logra a través del reconocimiento por su trabajo, que a su vez está unido al disfrute, al ocio y a la creatividad.
Para los hackers la información se comparte porque la consideran un bien que debe ser accesible y abierto. Por eso desarrollan software libre y comparten su proceso de desarrollo para que otros puedan utilizarlo, funcionando así como una red distribuida de información y conocimiento.
Los avances en el software open source (de libre acceso al código fuente) como Linux por ejemplo, se hacen a partir de múltiples aportaciones que se van sumando, y a su vez estas aportaciones están accesibles para quien quiera hacer uso de ellas para desarrollar más software libre. La diversidad de opiniones y críticas hacen que el proyecto se pueda ir modificando y puliendo mientras se construye. A diferencia de los proyectos cerrados en los que recién se da a conocer el producto terminado, sin posibilidad de modificar sus cimientos.
El aprendizaje del hacker funciona de la misma forma que el desarrollo de sus proyectos. Sin jerarquías, no como un receptor pasivo del conocimiento, sino desde múltiples fuentes que él mismo busca. Es su propia curiosidad lo que lo lleva a seguir aprendiendo y resignificando el conocimiento de manera fluída y sin estructuras predeterminadas. Incluso sus propios aportes pueden enriquecer el aprendizaje de los demás.
“Ninguna persona libre debe aprender nada como un esclavo”
Los métodos tradicionales de enseñanza definen como maestro al emisor incuestionable del conocimiento. Es evidente que esta estructura no incentiva la capacidad de pensar por propia cuenta, cuestionar y generar criterio propio. Tampoco el conocimiento adquirido por cada generación de aprendices aporta nada a la siguiente. Es desechado para empezar una vez más de cero, esquemáticamente igual que con la anterior.
“Al maestro corresponde hablar y enseñar; al discípulo estar callado y escuchar”
La libertad de expresión y la privacidad son algo fundamental para el hacker, ya que para él ser libre es un valor elemental. El trabajo es la fusión entre pasión y libertad.
Y la creatividad, el disfrute por crear y brindar al mundo esa aportación valiosa y genuina y sentirse reconocido por su comunidad de iguales es lo que al final le da sentido.
2 comentarios to La ética del hacker
Muy guapo Leti! Entiendes el marco de por qué toda la info -clientes, proveedores, modos de hacer- es compartida? Todo lo creado se hace en dominio público? Es lo más básico…
Sí, porque la información es poder, y si el poder está centralizado es imposible construir una comunidad (y una undividualidad) libre.

8 Junio 2009