Identidad nacional y libertad

Lunes, Agosto 17th, 2009 | maxiposts

venecia

La sociedad descentralizada, el mundo de las Naciones basado en la delimitación territorial fue transformándose en el último par de décadas. Surge un nuevo plano, una nueva dimensión a explorar. El mundo de las redes distribuidas con internet como principal generador, permite la relación e interacción global y el surgimiento de comunidades de personas que se relacionan por tener intereses y valores comunes auténticos,

“independientemente del Estado que les provea pasaporte”.

Una nueva economía globalizada ayuda a que cada vez sea más difícil definir en términos nacionales a las personas.
Para un individuo, su identidad representa su entorno real y cotidiano, sus intereses y las personas con las que elige compartirlos. La identidad nacional ya no lo representa, no necesariamente.

La Nación se basa en el principio de que es ella la que define a los individuos que la integran y no ellos a la Nación. Se proyecta a través de una cultura nacional, creando una identidad colectiva, que homogeiniza y da uniformidad a quienes simplemente nacen dentro del perímetro de su territorio.

Los imaginarios sociales y mediáticos que generan esta realidad nacional tienen validez solamente dentro de su territorio. Esta forma de autodefinición carece de elección o cuestionamiento real.

Un nuevo mundo de redes transnacionales emerge permitiendo la búsqueda de nuevas identidades mediante espacios de libertad y abundancia, explorando su potencial de comunicación más allá de las limitaciones territoriales de orden nacional. La puerta está entreabierta mientras no nos insertemos en los sistemas de estructuras predeterminadas, regímenes de salarios, de educación, religiosos, de orden familiar o local, ni creamos que son incuestionables y en cambio elijamos explorar otros campos en los que podamos encontrar o crear formas de vivir más libremente tanto personal como económicamente.

“Una persona solamente es libre si es dueña de las bases de su propia subsistencia, cuando no tiene obligación alguna de rendir pleistecía a nadie y puede abandonar su red de un modo efectivo si entiende que ya no atiende a las necesidades de su propia felicidad, felicidad que sólo ella misma puede juzgar.”

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