El lienzo vacío
A veces siento que luego de un impasse de varias semana o incluso meses sin pintar me costará más conectarme o inspirarme.
Me da vértigo pensar cuánto tiempo me llevará volver a producir y en esos momentos siento que quizás debería ser un poco más disciplinada y constante con mi producción.
En mis comienzos, cuando recién empezaba a tomarme la pintura como algo “serio” creía que nunca debía detenerme o alejarme demasiado.
Pero con el tiempo me dí cuenta de que es sólo una cuestión de equilibrio, y que ese mismo equilibrio es necesario.
Esa idea es un alivio, una carga más de peso de la que me desprendo.
Son tan fundamentales los momentos de creación “activos” como los “pasivos”.
Y para que pueda estar días y días seguidos sumergida en una o varias obras, necesito la contraparte de pasividad que viene luego (o que la precede).
Porque la percepción nunca descansa, el ojo nunca deja de mirar, de absorber, de estimularse y enriquecerse. Y de ahí creo yo que surge la inspiración.
No es precisamente el lienzo lo que estando vacío intimida, sino otro tipo de vacuidad.

5 Abril 2010